Somos el espejo de nuestros hijos.

Nuestros hijos están ahí, cautivos y ansiosos por aprender y aprehender. Nos miran y entienden que somos su guía, que no existe mejor maestro ni mejor ejemplo que nosotros (después, cuando sean adolescente pensarán lo contrario, pero al menos en sus primeros años de vida seremos el máximo ejemplo).

El problema es cuando ese ejemplo que nosotros damos no se ajusta a lo que nosotros exigimos o toleramos de ellos.

En general ningún padre quiere que sus hijos sean malcriados (al menos yo no he conocido a la primera mamá fanática de las pataletas), pero pareciera que hay un paso gigante entre no querer hijos malcriados y enseñarles a no serlo.

Si nosotros no reaccionamos bien a las adversidades, si cuando algo no sale como queremos nos frustramos enormemente, si cuando nos toca cumplir con nuestras obligaciones lo hacemos desde la queja, si no toleramos que no todo puede ser tal como lo queremos, nuestros hijos van a ir viendo eso en nosotros y lo van a aprender.

Pongamos por ejemplo el emigrar. Una situación difícil que lamentablemente muchos estamos teniendo que enfrentar. No es lo mismo emigrar desde la queja, viviéndolo como un proceso de pérdida, lleno de rabia y dolor, que emigrar desde la apertura, reconociendo que no será fácil, pero estando agradecidos por la nueva oportunidad.

No se trata de nunca reclamar o no llorar o no molestarnos jamás, al contrario. Se trata de manejar adecuadamente nuestras emociones. Si es tristeza o rabia, que esté bien canalizada, que sea del tamaño adecuado.

Volviendo al ejemplo de emigrar, a veces vamos a ver a nuestros hijos rabiosos o molestos y es perfectamente válido preguntarles si se sienten tristes y nosotros podemos reconocer: yo también estoy triste, extraño mucho a los abuelos. (Pero no por eso tenemos que estar irritables, poco tolerantes, enumerando todo lo que hemos perdido al emigrar).

Recientemente hablando con una mamá que emigró con su hijo de 3 años, ella comentaba que durante esa primera semana su hijo había estado particularmente irritable, reclamando atención, durmiendo mal. “Es que emigrar le ha pegado”, sentenciaba ella. Pero a ver, un niño de 3 años puede tener poca noción de todo lo que implica emigrar, saben que están fuera de casa, que cambió la rutina, pero esto podría ser el mismo estrés que al estar de vacaciones. Ahora, qué está viendo él en papá y mamá? Cómo están ellos actuando ante estos cambios? Están contentos, relajados o tensos y tristes?

El detalle es que este niño no sólo está viendo que algo no está bien y lo está manifestando, sino que además está aprendiendo a reaccionar así ante los cambios.

Entonces, tratemos de revisar concienzudamente como reaccionamos nosotros ante los cambios y las situaciones adversas para ser un ejemplo sano para nuestros hijos. Reconociendo que para ser sanos, se vale estar triste a veces, preocupados o molestos, pero sin malcriadez adulta.

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No hagas a tus hijos lo que no te gusta para ti.

Existe en la cultura popular un refrán que dice: No hagas a los otros, lo que no te gusta que te hagan a ti.

Para mi, este dicho en particular ha sido un constante compañero en la crianza respetuosa. Y por eso, escribo esta vez para invitarlos a que, cuando se trata de criar desde el respeto no hagamos esta pregunta: ¿Me gustaría a mi esto…? ¿Yo quisiera estar así…?

La mejor manera de enseñar respeto y límites a nuestros hijos es siendo respetuosos con ellos, es enseñarles desde el ejemplo. Si yo te hablo respetuosamente, no te agredo y te tomo en cuenta, por qué tú aprenderías a reaccionar de otra manera? O al contrario, si yo te pego, te grito y me enfurezco por todo, por qué tú no harías una pataleta?

La cosa va más o menos por ahí.

Entonces si nosotros, como adultos nos sentiríamos peor si al llorar frente a alguien que queremos, esta persona nos ignora; porque nosotros, ignoraríamos el llanto de un bebé??? Cuál es el mensaje que le estamos dando? Pues pareciera que es: no me importa tu malestar, conmigo no cuentes.

Ahora con el llanto o las agresiones parece bastante fácil ponernos en el lugar del otro. Pero existen otras situaciones con las que al parecer es más difícil ser empáticos.

Un ejemplo…

Las fotos, la comida, recriminar en público son situaciones que frecuentemente se prestan para que muchos padres hagamos a nuestros hijos lo que no nos gusta para nosotros.

Imagínense que incomodo probar una comida que no nos guste o estar lleno, y no poder dejar de comer porque alguien nos obliga. Decir: “estoy llena” y que alguien nos obligue y nos chantajee a comer el resto del plato. Incómodo verdad? Pues esto es cotidiano para muchos niños que están creciendo con una relación disfuncional con la comida a la que ven como un auténtico castigo.

Con las fotos, estar todo el tiempo bajo el lente perseguidor de alguien, que toma fotos sin discriminar ni respetar nuestra privacidad debe ser agobiante. Por qué un niño no lo viviría de la misma manera? Y no hablar de cuando nuestro hijo pequeño crezca y se haga adolescente o adulto. A nosotros nos gustaría tener todo ese pasado digital a un click de distancia??? No sé a Uds, yo agradezco no tener registro digital de muchas de mis etapas y looks!

Y exactamente lo mismo sucede con el recriminar o ridiculizar frente a los otros. Imagínense que situación horrible: estamos en una reunión de cumpleaños con varios amigos y nuestra pareja comienza a decir y reclamar sobre situaciones íntimas frente a todos. Es como para sentirse muy mal, no?

Estos son sólo 3 ejemplos breves, pero la lista es infinita! Y el problema además del tipo de relación que estamos construyendo con nuestros hijos, tiene que ver con como les vamos mostrando que los pueden tratar quiénes los aman y viceversa, como pueden tratar ellos a los otros.

Es lo que sucede en el “te pego pero soy la persona que más te ama en el mundo”… se enseña a amar y dejarse amar desde la violencia. Y esta violencia o agresión no tiene que ser sólo física, puede ser también psicológica.

Como lo comentaba en el post anterior, la crianza respetuosa no es sólo “no pegar”, o dejar que los bebés corran en el parque, tiene que ver con respeto. Respeto que principalmente los padres ponen en práctica hacía sus hijos y hacía los otros y cuyos hijos aprenden a partir de este. Por ello es que, yo como siempre insisto: tiene que ver con límites! Porque en el momento en que yo quiero respetar a los demás y que me respeten, tengo que tener límites para no incomodar y ser empático sobre como mis acciones afectan a los otros.

Espero les haya gustado!!!

Gracias por leer.

Joana.

El respeto y los límites en la crianza respetuosa.

La crianza respetuosa es un término relativamente nuevo, y por esto genera confusión.

Algunos creen que la crianza respetuosa trata sobre no pegar. Y no, no es sólo eso. El no pegar o agredir a nuestros hijos viene implícito en el tema de respetarlos. Pero tiene su fundamento, no es simplemente no pegar y ya.

Muchos confunden además el tema de la crianza respetuosa con nunca decirles a nuestros hijos que No, no ponerles límites o no corregirlos. Esto sería casi como dejar que nuestros hijos crezcan como animalitos silvestres sin control… y nada más lejos de la crianza respetuosa.

El principio fundamental de la crianza respetuosa es EL RESPETO. Pero no sólo el respeto al niño, sino el respeto a los otros. Y para lograr respetarnos entre todos es fundamental tener límites. Algo tipo “tus derechos terminan donde comienzan los de los otros”, parecido a eso. Y eso cómo se pone en práctica?

Bueno, imaginemos que estamos en una sala de espera del pediatra. Hay otras familias junto a nosotros y nuestro pequeño de 3 años comienza a golpear el piso con un juguete, haciendo un ruido que incomoda al bebé que está tomando pecho, a la secretaría que está trabajando, al niño que se siente mal con fiebre, a quiénes tratan de tolerar la espera con su mejor humor.

A alguna mamá le parecerá que no es tan grave, que al menos así se distrae, que si intenta quitarle el juguete hará una pataleta o que así puede aprovechar de meterse un ratico en las redes. Pero por qué desaprovechar esta oportunidad de enseñarle a nuestro hijo sobre el respeto? Por qué no decirle: hijo, estás incomodando a las personas que están aquí. Vamos a hacer algo que no incomode a los otros.

Y si, es posible que el niño haga una pataleta. Pero si es un niño que está acostumbrado a hablar del respeto a los otros y tener límites claros, entenderá perfectamente.

No es necesario, agredirlo, no es necesario decirle las cosas de mala manera, ni siquiera hace falta ofrecer un castigo o un premio si deja de hacerlo, hace falta es acostumbrar a nuestros hijos desde muy pequeños a cómo sus acciones afectan, perjudican o incomodan a los demás. Básicamente a tener sentido común.

Educar desde la educación respetuosa es una calle de doble vía. Yo te respeto, te hablo, no te agredo, tu haces lo mismo conmigo. Yo cuido tus cosas, me preocupo por los otros, respeto al prójimo, tú también!

Esto sin dudas nos obliga a convertirnos en mejores personas, porque enseñamos y educamos desde el ejemplo. No puedo decirle a mis hijos que tienen que respetar a sus profesores y luego decirles que “esa profesora parece medio loca mandando tanta tarea el fin de semana”.

Se trata de ser congruentes con lo que estamos tratando de enseñar y de que nuestros hijos desarrollen su criterio pero que sean bastante conscientes de como sus acciones afectan a los otros. No podemos decirles: tu a mi me respetas! Porque yo soy tu mamá! (Y que nosotros no respetemos a nuestros padres o a nuestra pareja). El respeto se gana y en gran parte se gana con el ejemplo.

Tenemos que poder corregir a nuestros hijos, pero para corregirlos no es necesario agredirlos o humillarlos. Tenemos que decir que no, pero no como un capricho sino con un sentido, “no puedes subirte a esa silla con los zapatos puestos porque la vas a ensuciar y encima te puedes caer, es peligroso”, no simplemente: no te subes porque no me da la gana!

Más que pensar en Crianza Respetuosa, pensemos en una crianza responsable! Somos RESPONSABLES de criar una personita, un futuro adulto, hagamos un esfuerzo por criar un buen ciudadano, un buen amigo, un buen esposo, un buen padre. Alguien que respete, que no reaccione en base a la pataleta del que grita más duro y cree que se merece todo porque si. Ayudemos a construir una persona sensata, agradable. No un animalito salvaje sin límites al que inevitablemente le tocará darse muchos golpes en la vida para aprender a convivir en sociedad.

Hablar de Crianza respetuosa es un tema casi infinito. Prometo próximas entregas para seguir ampliando el tema.

Saludos! Y gracias por leer!

Joana Alenso.

Criar respetuosamente.

Recientemente estuve hablando con una amiga mamá sobre la crianza con apego, los límites, el colecho, la lactancia exclusiva, etc. cómo siempre digo, hablamos de que no hay nadie que tenga la verdad absoluta sobre el colecho por ejemplo, hay quienes lo recomiendan y les funciona muy bien, hay quienes lo consideran una atrocidad, hay quienes no soportan la idea si quiera. Pero practicar o no el colecho no te garantiza nada en la crianza se tus hijos. Practicarlo o no, no es una fórmula mágica para que nuestros hijos no hagan pataletas o para que nunca hagan un show en medio del supermercado. 

Lo mismo con muchos otros aspectos de la crianza. Nada es garantía y no hay fórmulas mágicas. Pero si hay un elemento, que realmente puede determinar la calidad de la educación y la crianza de nuestros hijos es El Respeto.

El colecho, la lactancia, el chupón, padres unidos o divorciados, etc pueden influir o no en determinadas cuestiones de la crianza de nuestros hijos y realmente sólo viendo a un niño no podemos saber si es un niño que duerme solo, o que duerme con los papás, o si es un niño que gateó y juega al aire libre o no. Pero si un niño es respetado se nota, de lejos! Y si no es respetado se nota mucho más! 

Desde el día 1, el bebé merece respeto. 

No importa la edad, el respeto que sintamos por ellos va a marcar la dinámica que tengamos entre nosotros. Un bebé que nace y cuya mamá asume que llora por manipulación, no está siendo respetuosa con su bebé. No está entendiendo que esa es la única forma en la que un bebé pequeño se puede comunicar. Ya ahí comienzan las fallas en la vinculación, porque no estoy prestándole atención y respeto a tus necesidades, sean fisiológicas o emocionales. Porque es cierto que a veces un bebé llora simplemente por que quieren que lo carguen, pero eso no es manipulación, es su necesidad de contención, de contacto físico, de cobijo. Si somos respetuosos con nuestros bebés vamos a validar mejor sus necesidades y vamos a atenderlas mejor. Esto nos hace empáticos con nuestro bebé.

Carlos González, el reconocido pediatra español es una de las voces más activas en defensa del respeto a los niños. Mantiene que el niño tiene que ser tan respetado como cualquier otra persona; si a nuestros colegas, por ejemplo, no les hablamos despectivamente, por qué habríamos de hacerlo con nuestros hijos? 

Respeto es la opción a la agresión. 

Sea física, verbal o psicológica, la agresión nunca será una forma positiva de educar a un niño. Un niño que es agredido aprende que está bien que te maltrate quien se supone que te ama. Aprende que no está mal golpear a los otros o insultarlos. Aprende que probablemente merece esas agresiones porque es un “niño malo”, lo que se traduce en problemas de autoestima y control de los impulsos más adelante. 

Pero un niño que no ha sido agredido, aprende que los problemas se resuelven conversando. Que no importa lo que haga, seguirá siendo amado y apoyado por sus padres; esto además de que es más probable que no termine siendo un niño agresivo con sus compañeritos, y de que crezcan confiando en el diálogo como la mejor herramienta para resolver conflictos.   

Siendo respetuosos con nuestros hijos les estamos enseñando a ser respetuosos con ellos mismos, con los otros, a ser asertivos a la hora de resolver un conflicto, a comunicarse, a no agredir. 

Un niño que crece en un ambiente respetuoso, es un niño que sabe confiar y decir la verdad. 

La honestidad es una de las bases del respeto. Si somos unos padres que decimos la verdad, nuestros hijos aprenden a confiar. Construyen una relación basada en la honestidad porque saben que sus padres les han sido francos y que además ellos como hijos van a ser escuchados respetuosamente. 

Engañar a nuestros hijos con mentiras “blancas” hace que ellos vayan perdiendo la confianza en nosotros, se sienten subestimados y al no confiar en nuestra palabra, pues tampoco confiarán en nosotros para contarnos sus cosas. 

No es necesario decir las verdades sin filtro, al contrario. Hay que adaptar lo que decimos a la edad del niño pero sin fabular o mentir. Decirle a un niño que nos vamos del parque pero que mañana venimos (sabiendo que no lo haremos) va a funcionar unas 2 o 3 veces. Ya después el niño sabe que al día siguiente no regresarán nada y no se va a querer ir. Así se va quebrando la confianza. 

Educar desde el respeto es poner límites. 

Si vamos a educar a nuestros hijos desde el respeto, eso generalmente incluye enseñarles el respeto por el otro. Si estamos por ejemplo en nuestro apartamento, no podemos jugar a la pelota a las 9pm porque el rebote incomodará a nuestros vecinos. Eso no es un capricho, es una consideración con el otro para respetar el silencio en su apartamento, por ejemplo. Estamos poniendo límites y lo importante es que son límites que vienen desde el respeto al prójimo. Esto crea una conciencia de empatía y de sentido común en nuestros hijos. 

Y al final, que son los límites? Respetar al otro, saber que convivimos en una sociedad y que como tal tenemos que respetar y entender al otro. 

Ciertamente es complicado como en nuestra sociedad se nos ha enseñado que para poner límites y educar a un niño debemos entonces ser prácticamente groseros con él y atropellar sus necesidades. Si queremos ser “respetuosos”, se asume que no seremos firmes en las enseñanzas y no pondremos límites porque respetaremos la naturaleza del niño, pero una cosa no tiene que ver con la otra. Perfectamente podemos ser respetuosos y enseñarle límites a nuestros hijos. Para esto no tenemos que enseñarle a nuestros hijos desde el atropello, basta con que sean límites reales y ni basados en caprichos para que veamos que no es necesario imponerlos casi como un castigo. 

Al criar a nuestros hijos desde el respeto, les estamos haciendo un regalo. No sólo creceran sabiéndose valiosos, y sintiendo que pueden confiar en nosotros, sino que además serán personas más empáticas, conectados con como sus acciones afectan a los otros. Serán mejores ciudadanos, mejores personas. 

Cuéntame como ha sido tu experiencia con el respeto y la crianza. 
Gracias por leerme! 
Lic. Joana Alenso. 

Psicólogo Clínico 

Criar, si tan sólo fuese tan fácil como se ve! 

Hoy en Instagram utilicé una analogía que se quedó corta para todo lo que se puede decir de ella. Aprovecharé este espacio para extenderme un poco. Criar es cómo entrar en el mar. Pero a lo más profundo! Tenemos frente a nosotros esa inmensidad maravillosa, hermosa, llena de misterios y entramos. No sabemos realmente con lo que nos vamos a conseguir. Profundidades inexploradas, ballenas, peces hermosos y hasta criaturas marinas que no sabíamos que existían. Pero al igual que en la crianza, si nadamos contra la corriente, sin sentido y sólo empeñados en imponernos, sólo terminaremos cansados y en el peor de los casos, aunque suene horrible, ahogados. 

Habrán días de corrientes cálidas, de marea tranquila, de flotar y relajarnos. Y por supuesto, también habrán días de corrientes heladas, oleaje fuerte y hasta calambres. 

Ahora, hay una diferencia importante (entre muchas otras claro), y es que sobre el mar, nosotros nunca ejerceremos ningún tipo de control, pero sobre nuestro estilo de crianza si. 

Sobre la crianza no existe ninguna fórmula 100% comprobada y eficaz, eso ya lo he mencionado antes. Pero si hay algunos aspectos, que les puedo garantizar con toda la certeza del mundo que son así! Y con esto no quiero imponerles mi punto de vista como una realidad absoluta. Todo lo contrario, los invito es a reflexionar y pensar, qué tipo de crianza estoy ejerciendo ? Y cuál tipo de crianza quiero ejercer? 

🔸 La crianza no siempre tiene que ser cómo naufragar en medio del mar. Si investigas, lees y te asesoras, no necesariamente tendrás la respuesta a todo, pero si tendrás un mejor criterio y no será tan frecuente que te sientas flotando en un tronco en medio del triángulo de las bermudas. Tu conciencia como padre se puede formar para ser más coherente con respecto a lo que quieres enseñar a tus hijos. 
🔸 La crianza no es, ni debe ser una lucha de poderes. Son muchas las veces que nuestros hijos nos pueden hacer sentir retados. El problema está ahí justamente, en “sentirnos retados”. Un niño “pone a prueba los límites” pero no necesariamente porque sea un retador, rebelde sin causa. Es por que su trabajo es ese, explorar hasta donde puede llegar. El problema es cuando nosotros cómo padres, nos sentimos retados y respondemos a este “reto” imponiéndonos y luchando a ver quién grita o pega más duro. Aquí la idea no es ganar, no es ser un vencedor, es enseñar. Y no se enseña desde la lucha sino desde la escucha, desde la coherencia, desde los límites. 

🔸 Incluso los oceanos tienen límites (aunque sean bastante amplios), la crianza también los necesita. Establecer límites (ojo, no caprichosos sino basados en argumentos coherentes) es el mejor regalo que le podemos dar a nuestros hijos. Nunca me cansaré de decirlo. Con los límites le decimos a nuestros hijos: tranquilo, yo te protejo, te cuido y me hago responsable por ti. Los límites no son sólo para los niños, son para la familia entera. Nos dan estructura, sentido y coherencia como sistema familiar. Nos ayudan a conocernos mejor, por que así sabemos que esperar del otro. Imagínense crecer en una familia donde dependemos del humor del otro o de las necesidades del otro para ver que podemos hacer y que no. Si mamá quiere hablar con su amiga, me deja ir sólo al parque y pasar toda la tarde en la PB del edificio, pero si mañana vienen mis abuelos a casa, no me dejan bajar a jugar y tengo que comer en la mesa y no en mi cuarto como me dejan cuando mamá está hablando por teléfono… bueno, ese es un niño que constantemente necesitará medir hasta donde llega el límite de mamá hoy. Si está en “modo mamá perfecta” o en “modo mamá haz lo que te provoque”. 

Y si, es cierto, sobre la crianza todavía nadie tiene la última palabra, pero si es posible vivirla y ejercerla desde una postura activa, coherente y consciente. Pensemos que tipo de persona queremos dejarle al mundo y como podemos ayudarla a formarse. 

Poco a poco continuaré escribiendo sobre esto (si no paro ya de escribir, será el blog interminable). 

Saludos! 

Joana Alenso.

Psicólogo Clínico. 

Emigrar no es comenzar desde cero.

Muchas veces emigrar se relaciona con un nuevo comienzo, una nueva etapa, un nuevo ciclo y algunas veces erróneamente con comenzar desde cero. 

Y ante esto me pregunto, es esto posible? Estando adultos es posible que comencemos una nueva experiencia desde cero? 

Personalmente creo que no. Me ha tocado emigrar a diferentes países en 3 ocasiones. Y han sido bajo circunstancias bastante diferentes cada una. Quizás desde lo material, uno podría decir, que al menos en mi caso he comenzado no exactamente desde cero, pero si me ha tocado desprenderme de muchos bienes materiales y objetos que tenía en mi país. En ese sentido es un ejercicio de desprendimiento y hasta de humildad. 

Pasar de tener carro o apartamento propio a vivir alquilados o sin carro es un aprendizaje, pero no necesariamente es comenzar desde cero. 

Hay un camino que uno ya conoce… ya uno llega a un nuevo país con un saquito cargado de experiencias y de aprendizajes previos que nos situan desde un lugar. Quizás desde lo material uno puede pensar que está empezando desde cero, pero eso es pensar en lo menos importante. 

Si al llegar a un nuevo país, nos vamos a “medir” por lo material, es mejor no emigrar. Porque claramente vamos a estar en desventaja con respecto a quién creció en ese país, tiene un historial de crédito, tiene casa propia, carro, etc, etc. y claramente nos vamos a estar enfocando en lo menos importante. 

Lo material va y viene. Lo importante es cómo construyes tu patrimonio. De qué te vales para hacerlo? Y ahí es cuando viene lo que nos va a diferenciar del resto. Esas experiencias de vida, esas expectativas, esos trabajos anteriores que dejaron huella en nosotros y esa capacidad de mantenernos en pie, incluso cuando tengamos ganas de hacer una pataleta cual niñito de 2 años. 

No se puede ser un adulto y comenzar desde cero, siempre venimos con una historia personal, un aprendizaje previo, un estilo de personalidad; y eso lo llevamos con nosotros adonde vayamos. 

Vamos a ir cambiando y adaptándonos y eso sólo irá sumando en nuestro saquito de carga que llevamos adonde sea que vayamos. 

Si vamos a emigrar pensando que tenemos que “empezar desde cero”, probablemente es porque nos estamos yendo demasiado atados a lo que estamos teniendo que dejar en nuestro país; y si nos vamos a ir aferrados a lo material, entonces mejor no irnos. Porque evidentemente hay una renuncia que tenemos que hacer, hay que desprenderse y si no estamos listos para hacerlo, hay que revisar si estamos listos para emigrar. 

Espero sus comentarios sobre este post! Gracias por leerme! 

Lic. Joana Alenso. 

Psicoterapia on-line. Es efectiva? 

Hace ya un tiempo, comencé a trabajar con pacientes a través de internet. Hasta ese momento y luego de 8 años de haber terminado mi postgrado en psicología clínica, siempre había atendido a mis pacientes en el consultorio y era a lo que estaba acostumbrada. 

Luego me mudé a Brasil, un país que no es de lengua hispana y por ello sentí que la continuidad de mi práctica profesional se podía ver amenazada. Atender en português no es una opción para mi, al menos no por ahora. En psicoterapia se trabaja con lo que se dice y con lo que no se dice y aunque considero que tengo un buen nivel de português, creo que no estoy preparada, sobretodo para interpretar lo que no se dice. En fin, desistí de la posibilidad de ejercer al menos por un largo tiempo. 

Además del idioma, había otro elemento que me cohibía de pensar en ejercer en Brasil y es lo referencial. Yo puedo conocer la actualidad brasilera, tener referencias de su cultura, pero son muchas las cosas que no entenderé si un brasileiro me da referencias del pasado aquí en su ciudad por ejemplo. 

Cuándo pensé en eso, fue que comenzó a surgir la idea de Psicología para mi. Si para mi, como psicóloga venezolana, el tema cultural y referencial podía llegar a ser una traba, entonces para los “pacientes” venezolanos también podía llegar a serlo al sentarse frente a un psicoterapeuta de otra nacionalidad, 

Con esto no digo que obligatoriamente la psicoterapia tenga que ser realizada por psicoterapeutas de nuestra misma nacionalidad, pero si hay un tema de empatía, de referencias, de estilo, que se facilita mucho si quién nos escucha sabe de donde venimos. 

Pensando en el éxodo venezolano y en cómo ha aumentado en los últimos años, fue que percibí, que así como yo prefería tener pacientes venezolanos o de habla hispana, es normal que quiénes están fuera de Venezuela, también quieran tener un psicoterapeuta que les entienda y sepa de que le hablan cuando damos referencias propias de nuestra cultura y nuestro país. 

Y la forma más efectiva de brindar esa oportunidad fue a través de la psicoterapia on-line. Así que decidí intentarlo. Debo confesar que al inicio no estaba muy segura de que fuese a funcionar. No estar personalmente frente al paciente podía convertirse tanto en una oportunidad como en una traba y sin duda una dinámica novedosa para mi. Pero decidí intentarlo. 

Hoy, después de más de un año atendiendo pacientes por internet, puedo decir que ha sido una experiencia maravillosa, gratificante y enriquecedora, pero no porque sea muy diferente a la psicoterapia tradicional, al contrario, porque me ha ayudado a derrumbar las barreras comunicacionales que existirían si me hubiese quedado empeñada en sólo atender pacientes en el consultorio. Me ha ayudado a confirmar que en el espacio virtual, también hay escucha, hay empatía y hay transferencia. 

Luego de todo este tiempo puedo afirmar que realmente no hay mucha diferencia, al menos no en la forma como se trabaja y se interviene. 

Claro que tiene sus limitaciones y estas deben ser respetadas. Por ejemplo, on-line yo no trabajo con niños (ya que mantener a un niño jugando, pintando o concentrado en el computador puede ser muy complicado), ni con pacientes cuyo cuadro requiera apoyo psiquiátrico, a menos que el médico tratante lo autorice. Tampoco hago evaluaciones psicológicas. Pero ya teniendo claras cuáles son las limitantes, creo que de resto todo es ganancia. 

Paciente y terapeuta pueden administrar de forma más eficiente su tiempo para establecer el horario de la sesión, puedes elegir un terapeuta que realmente te guste, independientemente de donde se encuentre y de resto conservas todos los beneficios de la psicoterapia tradicional, la escucha, el feedback, la confidencialidad, entre otros. 

Y tú? Te animas a hacer psicoterapia on-line? Ya has hecho? Cuéntanos! 

Saludos! 
Joana Alenso

Psicólogo Clínico.